Elizondo es de esos pueblos que se recorren enseguida y aun así se quedan en la memoria. El pueblo es pequeño, capital del Valle de Baztán, y en poco tiempo ya has cruzado sus dos calles principales de punta a punta. Algo que no os dejará indiferentes es la cascada en mitad del pueblo, una iglesia enorme para lo pequeño que es Elizondo, y las fiestas del pueblo en pleno apogeo.

Como llegar y donde aparcar en Elizondo
Elizondo está a unos 50 km de Pamplona, por una carretera de curvas que atraviesa el valle, entre curva y curva podréis apreciar un bonito paisaje verde. Nuestra recomendación es aparcar en las afueras del centro y recorrer el casco urbano caminando para disfrutar del paseo sin preocuparte por las calles estrechas.
Un pueblo que se visita rápido, pero merece la pena
El casco de Elizondo se organiza en dos calles paralelas al río, la Calle Jaime Urrutia y Calle Braulio Iriarte, unidas por el puente de Txokoto. En poco más de una hora, hora y media, se recorre sin prisa, casas señoriales con escudos de piedra, soportales, la Plaza de los Fueros con el ayuntamiento barroco del XVII, y el ambiente tranquilo propio de un pueblo pirenaico.

Precisamente por eso Elizondo funciona muy bien como parada corta para explorar el resto del Valle de Baztán. A nosotros lo que más nos gustó fue justo eso, no hace falta organizar una visita larga ni comprar entradas para nada, simplemente pasear.
Si vais el jueves por la mañana, estará el mercadillo. Intentar llegar temprano y comprobar las señales de estacionamiento.
La cascada de Txokoto, la postal de Elizondo
Lo que a nosotros nos pareció una cascada es en realidad la presa de Txokoto, y es el rincón más fotografiado de Elizondo. Se encuentra justo junto al puente de Muniartea (conocido como puente de Txokoto), y no es un accidente natural: nació de un molino documentado ya en 1397, y en 1890 se adaptó para dar energía a una de las primeras centrales hidroeléctricas de Navarra. Con caudal, el salto de agua suena con fuerza y las casas de fachada rojiza se reflejan en el remanso que deja detrás.
El río que la alimenta y que atraviesa el pueblo se conoce indistintamente como Baztán o Bidasoa (es el mismo curso: nace como Baztán en la zona alta del valle y más adelante pasa a llamarse Bidasoa), así que si has leído el nombre de una forma u otra en distintas webs, no hay contradicción.
Cuidado si vas con niños pequeños: la zona de la presa tiene desniveles junto al agua y las piedras pueden resbalar cuando están mojadas.
La iglesia que parece más grande de lo que esperas
Lo que nosotros llamamos «catedral» es en realidad la Iglesia de Santiago, y se entiende la confusión: para un pueblo de apenas 3.000 habitantes, sorprende su tamaño. Se construyó entre 1916 y 1925, en piedra de sillar rojiza (de ahí ese tono marrón que nos llamó la atención), con dos torres gemelas flanqueando la fachada. Se levantó en este emplazamiento porque la iglesia anterior, del siglo XVI y situada junto a la Plaza de los Fueros, quedó destrozada por una riada en 1913.
Coincidir con las fiestas de Elizondo
Si visitas Elizondo y te encuentras el pueblo en fiestas, lo más probable es que sean los Santiagos, las fiestas patronales, celebradas en torno al 25 de julio en honor al apóstol Santiago. Hay gigantes y cabezudos, txistu, dantzaris, bertsolaris y música en la plaza durante varios días. El domingo anterior se celebra además el Baztandarren Biltzarra, un encuentro con carrozas y trajes tradicionales de los quince pueblos del valle que se mantiene desde 1963.
A nosotros nos tocó ese ambiente de fiesta sin buscarlo, y se nota: las calles se llenan, hay puestos y música, y el pueblo cambia por completo respecto a un día normal.
Dónde comer algo rápido
Comimos una ración de calamares y otra de chistorra, y estaba riquísimo. La zona de la Plaza de los Fueros y el entorno del puente de Txokoto concentran varios bares y terrazas donde tomar un pintxo o una ración sin complicarse, una parada perfecta después de pasear.
Consejos
- Si puedes elegir, ve con algo de caudal en el río: la presa de Txokoto gana mucho cuando el agua baja con fuerza.
- Aparca en las inmediaciones y entra caminando; te ahorras vueltas innecesarias.
- Si coincides con las fiestas de julio, cuenta con que costará más aparcar y que habrá más ambiente y ruido de lo habitual, algo que a nosotros nos gustó pero que conviene saber de antemano.
Nuestra valoración
Elizondo no es un pueblo para pasar el día entero, y no hace falta que lo sea. Es una parada corta, agradecida, con un elemento que sorprende de verdad —esa cascada en pleno centro— y con un ambiente muy auténtico si coincides con sus fiestas. Nos pareció una escapada muy buena para ir con niños: se recorre rápido, no cansa, y siempre queda la presa como punto de foto.

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